10 Abr, 2026
No empieza con una botella. Empieza con una pregunta que tu hijo se hace en silencio: ¿si digo que no, me quedo solo?
Es viernes en la noche. Hay un «get» en casa de alguien. Todos van. Hay alcohol. Tu hijo no quiere tomar, pero tampoco quiere ser el raro, el que se queda afuera, el que no pertenece. En esa fracción de segundo, entre el miedo a ser rechazado y la voz interna que dice «esto no está bien», toma una decisión que tiene repercusiones.
No es rebeldía. No es que «le guste la calle». Es algo mucho más humano y mucho más universal: es la necesidad de pertenecer. En la adolescencia, esa necesidad se siente como una cuestión de supervivencia.
Este blog no es para señalar. No es para asustar. Es para normalizar el poder hablar de lo que realmente está pasando con el alcohol en la adolescencia. Con datos reales, empatía y herramientas concretas.
Empecemos por lo que sabemos, con fuentes verificadas y datos actualizados.
A nivel global, la situación es preocupante.
Una revisión publicada en 2025 en la revista científica Frontiers in Public Health, titulada “Too young to pour: the global crisis of underage alcohol use”, recopiló datos de múltiples países y concluyó que el alcohol sigue siendo la sustancia más consumida por niños y adolescentes en todo el mundo. Su consumo supera al del tabaco, la nicotina por vapeo y la marihuana.
Según la Encuesta Nacional sobre Uso de Drogas y Salud 2025 (NSDUH), publicada por el Instituto Nacional sobre Abuso de Alcohol y Alcoholismo (“NIAAA”) de Estados Unidos, aproximadamente 12.7 millones de personas entre los 12 y 20 años (el 32.9% de ese grupo), ha consumido alcohol alguna vez en su vida. De ellos, alrededor de 5.1 millones reportaron haber consumido alcohol en el último mes.
Según la Consulta Juvenil 2018-2020 de ASSMCA, la encuesta más citada sobre uso de sustancias entre estudiantes de 7° a 12° grado en Puerto Rico, el alcohol fue la sustancia más utilizada: el 42.9% de los estudiantes reportó haberlo probado alguna vez. La Consulta también reflejó que el consumo comienza temprano, con uso a partir de los 14 años.
Un tercio de los estudiantes (33%) indicó haber consumido alcohol en el último año, lo que equivale aproximadamente a 65,555 adolescentes.
Mas importante aún, el factor de riesgo número uno reportado por los propios estudiantes fue el uso de alcohol en la familia, con un 56.6%. Ese dato es importante: más de la mitad de los estudiantes reconoce que el mayor factor de riesgo para su consumo no está en la calle, ni en la escuela, ni en las redes sociales, sino en el hogar.
Por su parte, la Consulta Juvenil XII (2022–2024), publicada por ASSMCA en febrero de 2025, continuó monitoreando estos patrones con datos de más de 6,370 estudiantes de 6.º a 12.º grado. Los resultados confirman la tendencia: el alcohol sigue siendo la sustancia más utilizada. Un 34.0% de los estudiantes reportó haber consumido alcohol en el año previo a la encuesta, seguido por la marihuana (8.8%) y el tabaco (6.0%).
La Consulta Juvenil encontró que después del uso de alcohol en la familia (56.6%), el segundo factor de riesgo más reportado por los estudiantes puertorriqueños fue el uso de alcohol entre amigos (43.7%). Casi tres de cada diez estudiantes (28.6%) percibieron fácil acceso al alcohol.
Para un adolescente, decir que no frente a toda esa presión requiere un nivel de fortaleza que la mayoría de los adultos subestimamos. No es solo decir que no a un trago. Es decir que no al grupo. Es arriesgarse a quedar fuera.
Esto nos habla de una presión que opera en múltiples niveles. No es solo el amigo que ofrece un trago en una fiesta. Es la cultura que normaliza el alcohol como parte inevitable de la diversión. Son las redes sociales donde los «gets» se documentan con vasos en la mano. Es la ocasión familiar en la cual celebrar siempre incluye un brindis. Es, muchas veces, el propio hogar donde el alcohol está presente sin reflexión.
Hay una creencia peligrosa que muchos adultos repiten sin pensar: «Un trago no le va a hacer nada». Pero la ciencia dice otra cosa.
El NIAAA explica que el cerebro humano sigue desarrollándose hasta bien entrados los 20 años. El alcohol puede alterar ese desarrollo, afectando potencialmente tanto la estructura como la función cerebral.

Esto no es abstracto: significa que el consumo de alcohol durante la adolescencia puede impactar la memoria, la capacidad de tomar decisiones, el control de impulsos y la regulación emocional. Las habilidades que un joven necesita desarrollar en esa etapa de su vida.
Además, los adolescentes tienden a beber de una manera particularmente riesgosa. A diferencia de los adultos, que pueden beber con más frecuencia pero en menores cantidades, los jóvenes tienden a tomar menos seguido pero mucho más en una sola ocasión, lo que se conoce como binge drinking o consumo intensivo. Según el CDC, el 9% de los estudiantes de High School en Estados Unidos reportó haber hecho binge drinking en el último mes.
Según datos del NIAAA, los adolescentes que comienzan a beber antes de los 15 años tienen significativamente más probabilidades de desarrollar un trastorno por consumo de alcohol en algún momento de sus vidas que quienes esperan hasta los 21 años.
Fuente: NIAAA, Get the Facts About Underage Drinking
El NIAAA y SAMHSA (la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias de EE.UU.) identifican señales de alerta que padres, familias y maestros deben observar:
Una señal aislada puede no ser motivo de alarma. Pero cuando varias se acumulan, es momento de prestar atención y actuar. No desde el castigo. Desde la conexión.
Aquí está la parte más difícil y la más importante. Porque la conversación sobre el alcohol no puede empezar cuando ya hay un problema. Tiene que empezar antes. Y no desde el regaño, sino desde la confianza.
El NIAAA lo dice con claridad: los padres juegan un papel clave en formar las actitudes de sus hijos hacia el alcohol y en moldear sus comportamientos frente a él.
Esto significa la relación con el alcohol en cada hogar, la que normalizan en celebraciones, la que hacen visible o invisible, deja una huella más profunda de lo que pensamos.
Frases que abren el diálogo:
Herramientas concretas para darles a tus hijos:
Este punto puede ser incómodo, pero es esencial. La Consulta Juvenil identificó que una cuarta parte de los adolescentes que tuvieron acceso a alcohol lo consiguieron de sus propios padres, seguido por amigos, otros adultos y hermanos.
No podemos pedirle a un adolescente que no normalice el alcohol si en cada reunión familiar hay una mesa llena de botellas. No podemos pedirle que vea el riesgo si nosotros le quitamos importancia con un «es solo una cervecita».
Modelar con el ejemplo no significa no beber nunca. Significa ser conscientes de cómo hablamos del alcohol, cómo lo usamos, cuánto espacio le damos en nuestras celebraciones, y qué mensajes estamos enviando (sin palabras) sobre lo que es «normal».
No todo es preocupación. Hay razones para la esperanza.
El estudio Monitoring the Future de 2025, uno de los más grandes y respetados en la medición de conductas juveniles en Estados Unidos, encontró que el consumo de alcohol entre adolescentes alcanzó niveles históricamente bajos. Un dato record: el 83% de los estudiantes de octavo grado, el 70% de décimo y el 51% de duodécimo nunca han consumido alcohol en su vida. El binge drinking también alcanzó mínimos históricos en los tres grados.
En los últimos diez años, el consumo de alcohol en el último mes cayó 41% entre estudiantes de octavo grado, 48% en décimo y 33% en duodécimo. La abstención total de alcohol, cannabis y nicotina alcanzó niveles sin precedentes.
Esto nos dice algo importante: las conversaciones, la educación, las campañas de prevención y el acompañamiento familiar funcionan. La tendencia puede cambiar. Y está cambiando.
Hay una línea entre la experimentación adolescente y un problema que necesita atención profesional. Estas son señales de que es momento de buscar ayuda:
El NIAAA y la Academia Americana de Pediatría recomiendan que todos los jóvenes sean evaluados regularmente para uso de alcohol.
En Puerto Rico, ASSMCA ofrece servicios especializados para adolescentes con problemas de consumo de sustancias a través de su División de Niños y Jóvenes y Sus Familias, con tratamiento ambulatorio disponible en la Clínica de Niños y Adolescentes de Río Piedras en el Hospital Pediátrico Universitario.
Decir que no es un acto de valentía, no de cobardía. No necesitas un trago para ser divertido, para encajar o para que alguien te quiera. Y si alguien te presiona para beber como condición para estar en el grupo, ese grupo no te merece.
Si ya has tomado y sientes que se está volviendo algo que necesitas en lugar de algo que eliges, no tengas miedo de hablar. Con un adulto de confianza, con un consejero escolar, con la Línea PAS al 1-800-981-0023.
Tu cerebro está en la etapa más importante de su desarrollo. Lo que haces ahora impacta cómo piensas, cómo sientes y cómo tomas decisiones por el resto de tu vida. Protégelo. Es tu superpoder.

Acompañar a un adolescente no requiere tener todas las respuestas. Requiere estar presente, atento, disponible y dispuesto a tener conversaciones incómodas.
Requiere entender que detrás de cada trago que un joven acepta por presión, hay una necesidad emocional que podemos aprender a cubrir con conexión, no con prohibición.
Requiere hablar de alcohol en casa antes de que la calle lo haga primero. Con mente abierta, escucha activa y corazón compasivo.
Porque al final, la presión más poderosa que podemos ejercer sobre nuestros hijos no es la del miedo. Es la de saber que, pase lo que pase, tienen un lugar seguro al que volver.
Fields of Joy Foundation trabaja para que cada joven en Puerto Rico tenga acceso al apoyo que necesita. Si algo de lo que leíste aquí te preocupa, no lo enfrentes solo. Consulta la Red de especialistas de Fields of Joy Foundation, busca al profesional idóneo por cercanía, especialidad y urgencia.
Según la Consulta Juvenil 2018-2020 de ASSMCA, la mayoría de los estudiantes que reportaron haber consumido alcohol lo hicieron por primera vez antes de los 14 años. El alcohol es la sustancia más consumida por los estudiantes de 7° a 12° grado en Puerto Rico, con un 42.9% que lo ha probado alguna vez.
El factor de riesgo número uno identificado por los propios estudiantes en Puerto Rico fue el uso de alcohol en la familia (56.6%), seguido por el uso de alcohol entre amigos (43.7%). Una cuarta parte de los adolescentes que accedieron al alcohol lo obtuvieron directamente de sus padres.
El NIAAA explica que el cerebro sigue desarrollándose hasta los 20 años, y el alcohol puede alterar ese desarrollo, afectando la memoria, el control de impulsos, la toma de decisiones y la regulación emocional. Los adolescentes que comienzan a beber antes de los 15 años tienen significativamente más probabilidades de desarrollar un trastorno por consumo de alcohol.
Los expertos recomiendan iniciar la conversación antes de que haya un problema, desde la curiosidad y no desde el regaño. Preguntas abiertas como «¿Has visto alcohol en fiestas de gente de tu edad?» funcionan mejor que interrogatorios. Ofrecerles herramientas concretas como códigos secretos para pedir ayuda y practicar juntos cómo decir que no también es clave.
Busca ayuda si tu hijo bebe con regularidad, bebe para lidiar con emociones, ha tenido consecuencias negativas, miente sobre su consumo, no puede parar una vez que empieza, o ha expresado pensamientos de hacerse daño.
Sí. El estudio Monitoring the Future de 2025 encontró que el consumo de alcohol entre adolescentes en EE.UU. alcanzó niveles históricamente bajos.
Lilly A. Oronoz Rodríguez
Directora Ejecutiva de la Fundación Fields of Joy